Hace más de cinco décadas, en 1968, el informático Alan Pay trabajaba en el Centro de Investigaciones de Palo Alto de Xerox (PARC, por su denominación en inglés), donde presentó el prototipo del Dynabook, un ordenador para los niños que presentaba una interfaz gráfica novedosa y que esperaba orientar a la educación. En esa idea de Pay, que en su tiempo no vió la luz del día, nacieron los Ipad y tablet que hoy muchos de nosotros conocemos.
De esta manera, una tablet se puede definir como un dispositivo tecnológico portátil cuya principal función es acceder a internet, para realizar las diversas actividades que la red nos permite, las cuales van desde el entretenimiento y la información, hasta la formación y la creación de contenidos.
Es por esto que muchas personas, acostumbradas al uso de computadores de mesa o portátiles con infinidad de programas, y de archivos de toda clase alojados en él, se sorprenden al encontrar que las tablet no cuentan con el paquete completo de Office o con otros programas que suelen usar en los otros equipos y que en muchos casos, la memoria de la tablet es pequeña en comparación con ellos.
Ya que las tablet están diseñadas para la navegación mediante una conexión a internet, estas personas deben aprender a relacionarse con ellas, a utilizar aplicaciones en la nube en vez de paquetes informáticos y almacenamiento exclusivo en este dispositivo. Por ejemplo, si se quiere elaborar un documento, organizar datos estadísticos o hacer una presentación, en la tablet será mejor usar las aplicaciones de Google (documentos, hojas de cálculo o presentaciones) u otro proveedor de estos servicios, que además permiten almacenar en Drive lo que se haya realizado y contar con esa información mediante cualquier dispositivo conectado a la red.
Ahora bien ¿cómo se relaciona esto con los procesos educativos que estamos diseñando? Si pensamos que cierto número de nuestros estudiantes va a acceder a los medios que hemos definido para la formación virtual, mediante una tablet e incluso, mediante su celular, será mejor que nuestras estrategias de información, interacción, retroalimentación y evaluación, consideren ese hecho, en el momento de seleccionar las herramientas que les pediremos que usen.
En este sentido, hay que decir que las tablets como los celulares, permiten la instalación de aplicaciones que ocupan poco espacio de memoria y que le pueden permitir a nuestros estudiantes escribir, dibujar, pintar y hasta componer música, de manera que ello abre muchas puertas para la diversificación de las actividades que les propongamos.
Así mismo, las tablet cuentan con una cámara y esto facilitará que podamos realizar videoconferencias para realizar presentaciones, resolver inquietudes, o simplemente encontrarnos para compartir esta nueva experiencia de la educación mediada por las TIC.


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