Este paro se expresó en todo tipo de acciones para darle a conocer a la comunidad local y nacional las problemáticas de la educación pública colombiana (que también aparecen en la privada), de modo que su fuerza y duración nos permitieron recuperar la confianza en nosotros mismos y en la capacidad de los movimientos sociales para avanzar en la transformación de la realidad.
Vivimos en un país en el que necesitamos esperanza y compromiso para reconstruir nuestro sentido social pues éste será esencial en los escenarios de reivindicación de los derechos que se deben construir a raíz del proceso de paz, por lo tanto, un movimiento como el que se vio entre mayo y junio, es un buen referente de lo que la organización social nos puede permitir en el futuro.
Estoy convencida de que quien se abstiene de participar en estas actividades no es una especie de enemigo o un contradictor, después de todo, así como nuestros estudiantes son diversos y nosotros de uno u otro modo debemos ajustarnos a ello para lograr que todos aprendan algo en el aula, nosotros, los maestros, también somos diversos, y eso es necesario para enriquecer los procesos formativos; sin embargo, los silencios y las ausencias de nuestros compañeros en la lucha por la educación pública, no dejan de ser un referente en torno a la confianza y el temple de cada uno, que seguramente influirán en nuestras relaciones en el futuro.
Lo anterior me lleva a otro aspecto que observé durante el paro y que creo que debemos reconocer para poder cambiarlo, en este país hay mucho miedo y conformismo. Mientras algunas personas no apoyan la protesta social por los fuertes referentes históricos de violencia y muerte que han rodeado a los movimientos sociales en el país, otras se dejan llevar por los temores más básicos tales como descompletar el salario o perder el empleo, y entonces aquí aparece la comodidad que lleva a otro tanto a no quejarse porque se acomodaron a que todo siga como está, incluso sabiendo que no está bien.
Y no podría culminar mis apreciaciones sin un último tema, en el movimiento del magisterio está caminando un relevo generacional que es muy interesante, hay muchos jóvenes con energía y entusiasmo por defender la educación pública, dispuestos a dar discusiones con un buen nivel de comprensión de la situación y a asumir el rol que les toca en este proceso. Es casi seguro que ese relevo se dará paso a paso, pero es un relevo necesario para que las luchas que se dan desde el magisterio colombiano sigan vigentes y den frutos a largo plazo.
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