Teniendo en cuenta que estos dos son procesos fundamentales para el aprendizaje, en una época en la que la incorporación de tecnologías se constituye en una política común a la mayoría de instituciones de educación superior, más cuando dichas tecnologías están presentes en las diversas facetas de la vida cotidiana de niños, jóvenes y adultos, se plantea la necesidad de gestar procesos formativos tendientes a comprender las dinámicas de lectura y escritura que suscitan estos nuevos entornos, mediados por la tecnología.
Ello implica, entre otras cosas, reconocer la naturaleza relacionar de los procesos de lectura y escritura en tanto ellos se desarrollan de la mano y permiten a la vez comprender la realidad desde sus diversos contexto y, a través del lenguaje, generar representaciones de esa realidad mediante la producción de textos. Aspectos que son fundamentales si se asumen las posibilidades de representación inherentes a las tecnologías de información y comunicación -TIC-.
De esta manera, lograr niveles de lectura interpretativa y crítica y niveles de escritura avanzados, significa formar profesionales capaces de interactuar con el entorno, proponer soluciones a los problemas de su área de saber y cualificarlos para que se proyecten como seres sociales integrales y autónomos; todo ello a través de procesos de aprendizaje consistentes en los que la lecto-escritura juega un papel fundamental.

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